NO ES EL FINAL
Amanece un espléndido día de verano en el pequeño pueblo de
Fuilal; situado en un entorno privilegiado del país; donde todo el año es
primavera y el campo siempre está verde y lleno de hermosas flores. Sus poco
más de cuarenta habitantes, y su alejamiento del núcleo de población más
cercano hacen de este pueblo un lugar casi único: donde sus habitantes viven
con plena tranquilidad; como si estuviesen en otro planeta.
En Fuilal,
no hay cobertura para teléfonos móviles; de hecho, tampoco para los fijos; por
lo que está desconectado por completo del mundo. El único modo de acceder al
pueblo es por una pista forestal y solamente puede hacerse el recorrido en vehículos
todoterreno.
Pero esto
no importa a los habitantes de Fuilal, pues allí no iba nadie, la mayoría
personas con más de sesenta años, y sanas como una roca; a excepción de un
joven matrimonio y sus dos hijos pequeños que llegaron huyendo de la miseria,
el hambre y la perspectiva de tener que dormir en la calle al ser desahuciados
de su piso; y allí encontraron una casa donde vivir (cedida por los vecinos),
comida y trabajo para los dos: el hombre, Juan, ayudando en el cuidado de los
pocos animales que había, y la mujer, Lina, limpiando casas y atendiendo a los
mayores de Fuilal.
La otra
excepción es Amparo. Ella llegó sola al pueblo; sin más compañía que tres
maletas y mucho miedo. Miedo, pero no al pueblo. Miedo a las personas, a las
aglomeraciones, más en concreto. Por eso eligió Fuilal para vivir. Amparo tenía
treinta y nueve años; complexión delgada, media melena, ojos negros, guapa sin
llegar a ser considerada bella. Su llegada fue inesperada, cómo todas allí.
Tardó unos
días en pasear por el pueblo y entablar conversación con sus nuevos vecinos. Se
la notaba tensa y con miedo, pero, a los pocos días ya se había convertido en
una más entre ellos… y así fue cómo una tarde, sentada en la terraza de lo que
allí denominaban bar y que no era más que el salón de una casa particular donde
el dueño vendía licor; contó el por qué de su nueva vida a sus vecino y ya
amigos.
Ella era jefe de personal en una
empresa de la capital, estaba muy bien reconocida y llevaba un buen nivel de
vida ya que ganaba bastante dinero. Todo era de color rosa en su vida: muchas
salidas a los mejores lugares de la ciudad, cenas en los más reconocidos
restaurantes, fiestas exclusivas… hasta que, de repente, una noche cambió todo.
Se encontraba en el concierto de
un famoso grupo internacional de Rock cuando se formó una gran pelea de la que,
al intentar escapar, salió con dos graves heridas de arma blanca y pisoteada
por la multitud que escapaba presa del pánico. Cinco meses en el hospital y
cuando se recuperó y salió… ya no fue capaz de de ir por calles donde hubiese
mucha gente, ni entrar en centros comerciales, bares, cines…
Los médicos la diagnosticaron
Enoclofobia (miedo a las multitudes) y la recomendaron comenzar un tratamiento
a base de sesiones con psicólogos para superarlo: pero la fue imposible. Por
ese motivo decidió abandonar la capital y recluirse en un pueblo pequeño y
aislado donde poder llevar una vida, más o menos, relajada: no quería volver a
saber nada de ciudades, multitudes o cosas parecidas… y así fue como llegó a
Fuilal.
Ahora la vida de Amparo pasa
entre paseos por el pueblo, lectura, TV, siestas y largas charlas al fresco con
sus nuevos vecinos. Su único contacto con el exterior es a través de Internet:
para eso utiliza la antena parabólica de su casa ya que se conecta a través de
satélite, único modo de hacerlo allí. Pero es raro porque no consigue acceder a
webs de noticias, ni de correos electrónicos. Únicamente a webs de
entretenimiento en las que no puede escribir un comentario. Pero eso le bastaba
para lo que quería entretenerse un poco.
Ahora se encuentra en uno de sus
paseos para ver el amanecer, respirando el aire puro de las montañas. Está un
poco apartada del pueblo, pero allí no hay miedo… el mayor peligro que se corre
es que te salga al paso alguna cabra y te asuste. Camina despacio contemplando
el paisaje, como cada día. Mira la posición del sol, allí no hacen falta
relojes, y decide que es hora de regresar para desayunar donde Manolo, el dueño
de la casa-bar del pueblo.
Hoy no tiene ganas de desandar
lo mucho que ha andado con lo que decide acortar el camino atravesando por mitad
del campo. Es verdad que la han avisado que debe tener cuidado de los muchos
pozos abandonados y sin señalizar que hay a las afueras de Fuilal, pero no se
acuerda de eso y de repente encuentra que al dar un paso no encuentra tierra
bajo sus pies y cae con fuerza en uno de ellos.
Intenta ponerse de pie pero
siente un fuerte dolor en la rodilla derecha, así como en las costillas. Nota
que algo le moja la cabeza y al pasar la mano por ella descubre que es sangre,
tiene una brecha por encima de la ceja derecha. El miedo se apodera de ella y
comienza a gritar con tantas fuerzas de las que es capaz… silencio. No se oye
nada excepto el comienzo del canto de los pájaros y el balido de alguna cabra a
lo lejos, pero nada más. Vuelve a gritar pero el resultado es el mismo.
Se detiene para pensar un poco
pero es peor porque sabe que los vecinos pocas, por no decir ninguna, veces se
alejan tanto del pueblo en sus paseos. Su esperanza es que la echen de menos
donde Manolo, vayan a su casa a ver si está bien, y al ver que no está empiecen
a buscarla. Sabe que eso no va a pasar porque no todos los días va a desayunar
a la casa-bar y hay días que no sale de su casa ni para ir a por el pan a casa
de la Lucia (panadería-ultramarinos oficial y única del pueblo).
Mira a su alrededor con la
esperanza de ver alguna raíz a la que agarrarse y salir del pozo… pero la
suerte vuelve a serla esquiva. El pozo es estrecho, por lo que intenta subir
escalando sujetando su cuerpo a una pared y sus pernas en otra, pero el fuerte
dolor en la rodilla se lo impide. Además se queda pronto sin aire a causa del
dolor en las costillas.
Cuando se recupera un poco
vuelve a gritar con todas las fuerzas de la que es capaz y la parece oír ladrar
a un perro. Su cara se alegra y vuelve a gritar hasta que oye al perro ladrando
justo encima de ella. Es “Almirante”, el perro de Juan y Lina. << ¡Bien! Si está Almirante, cerca
debe andar Juan porque este perro no se separa nunca más de diez metros de su
amo>>, piensa Amparo… y lleva toda la razón. A los pocos segundos
escucha la voz de Juan preguntando si se encuentra bien y diciendo que se
tranquilice que va a sacarla de allí. En esos momentos se siente relajada por
la suerte que ha tenido y se deja caer en un sueño mientras espera a que su
“salvador” acuda con algo con que sacarla de allí.
Siente como sus fuerzas y su
espíritu se van junto a la sangre que brota de todo su cuerpo. Poco a poco se
sume en un placentero sueño mientras escucha unos cánticos, casi hipnóticos,
cada vez más lejanos.
Comienza a sentir unos ligeros
golpes en la cara mientras escucha su nombre como en la lejanía. Los golpes son
cada vez más fuertes a la vez que escucha su nombre más cerca… hasta que
despierta sobresaltada.
Se da cuenta que está en su
casa, rodeada de casi todas las mujeres del pueblo.
- ¿Qué…? ¿Qué ha pasado? –
Consigue sacar las palabras para preguntar.
- Tranquila cielo, estás bien. –
Quien habla es Juani, la mujer del dueño de la casa-bar - ¿No te acuerdas que
caíste en un pozo? – Amparo asiente con la cabeza ya más relajada. – Juan te
encontró, por suerte, y te trajo al pueblo. Has tenido un fuerte golpe en la
cabeza que nos hizo llamar al médico ya que tenías convulsiones y habías
perdido mucha sangre, además de que tienes un pequeño esguince en la rodilla.
Pero entre todas te hemos cuidado y ya veo que te estás recuperando ¿Quieres
beber algo?
- Sí, por favor. Tengo la boca
seca. – Cuando hubo bebido un poco de agua fresca que le trajo Juani, preguntó
- ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
- Un par de días.- Quien contesta
es Adela; la vecina que vive más cerca de ella y que también se encuentra
allí.- Pero te hemos estado cuidando entre todas las mujeres y me alegra verte
despierta cielo.
Han pasado tres días desde que
Amparo despertó y es la primera vez que se encuentra solo en casa. Todo el
pueblo has sido muy amable durante este tiempo y se siente feliz por encontrar
un lugar como Fuilal para vivir. Es un verdadero refugio de los que ya no
quedan, o quedan muy pocos, en la tierra.
De lo que más gana tiene es darse
un buen baño, pues no se ha bañado en los días de convalecencia. Las mujeres
preparaban agua caliente y la lavaban cada día, no dejaban que se levantarse ni
para ir a hacer sus necesidades. Ahora, en el cuarto de baño, sola, piensa
disfrutar de un largo y relajante baño.
Se quita el pijama y queda
desnuda. Se mira en el espejo antes de meterse en la bañera <<Estoy hecha una mierda. Parezco un
zombi de lo blanca y demacrada que me veo >> va pensando mientras
repasa el estrago que ha causado la caída y los días de cama en su cuerpo. El
baño la sienta tan bien que decide salir a tomar el aire y, de paso, una
cerveza en la casa-bar.
Cuando abre la puerta de casa,
para salir, se da cuenta que no hay nada a su alrededor: ni las otras casas del
pueblo, ni ninguna persona. ¡Sólo un gran vacío!.. ¡Ha desaparecido todo y
todos!... lo único que alcanza a ver, mire donde mire, es un blanco intenso que
le hace daño y tiene que entornar los ojos para poder seguir mirando… ¡De
repente!... siente un fuerte dolor en el pecho; como si se lo estuviesen
golpeando don una maza… según se va haciendo más fuerte el dolor del pecho, el
blanco intenso va desapareciendo. En su lugar ve grises claros que se van
tornando más oscuros hasta convertirse en un negro absoluto.
<<¡La tenemos! ¡Ha vuelto el ritmo cardiaco! ¡Se
estabiliza!>> Amparo escucha todo aquello cómo si fuese algo lejano y
ajeno a ella. No comprende nada, se siente aturdida y asustada. No puede abrir
los ojos, le pesan mucho, pero ha dejado de escuchar esas voces. Ahora sólo hay
silencio y tranquilidad. Nota una mano agarrar la suya; es una mano suave,
cálida, temblorosa. Tiene la sensación de saber quien es la dueña de esa mano…
hace un esfuerzo por abrir los ojos: ha acertado, es la mano de su madre que se
encuentra sentada a su lado llorando.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?
– consigue sacar esas palabras fuera, con la fuerza de un leve susurro mientra
contempla cómo su madre la mira; y lo que eran lágrimas se empiezan a convertir
en una leve sonrisa.
- ¡Hija mía, estás viva! – dice
la madre a gritos mientras se levanta de la silla y la abraza. – Creía que no
volvería a verte con vida nunca más. Voy a llamar a la enfermera para que
venga.
- Espera mamá.- dice ella sin
dejar de susurrar ya que no tiene fuerza para otra cosa. – Cuéntame dónde estoy
y qué ha pasado antes de llamar a nadie ¡Por favor!
- Hubo una explosión de gas en
tú bloque hija.- La madre habla ente sollozos y con hipidos de emoción.- Se te
cayó encima todo el techo de comedor y hemos temido por tu vida. ¡¡Hija has
estado dos veces muy cerca de dejarnos!! – La madre se derrumbó al decir eso y
comenzó a llorar un rato hasta que pudo controlarse y seguir hablando – Dios ha
querido que no sea así y vuelvas con nosotros aunque sea…- Se detuvo en seco
como arrepintiéndose de esas últimas palabras.
- Aunque sea ¡¡cómo, mamá!! –
Ahora la voz de Amparo sonó un poco más fuerte.- ¡Contesta!
- Deja eso para cuando estés más
recuperada hija. Ya te lo dirán los doctores cuando crean que estás preparada.
- ¡NOOOOOOOOOOOOO! – El grito
que salió de la boca de Amparo, no sólo asusto a su madre, también a ella.-
Cuéntame todo ahora mismo. Te lo ruego, te lo suplico, te lo imploro.
- Está bien hija.- La madre no
sabía cómo escapar de aquella situación y decidió contarle la verdad.- Fue
tanto el daño que te hizo el techo al caerte encima que no podrás volver a
mover ninguna extremidad de tu cuerpo de cuello para abajo. Pero estás viva y
nosotros cuidaremos de ti siempre.
- Eso no es verdad, no es
cierto. Debo estar soñando. Quiero despertar en mi cama de Fuilal. Quiero
volver allí con mis vecinos.
La madre, a verla cada vez más
nerviosa y enloquecida decidió dar por finalizada la conversación y salió
corriendo en busca de las enfermeras y médicos mientras Amparo seguía diciendo
incoherencias.
- Juan, lina, Manolo, Lucia,
Anselmo, Juani, Adela… ¡Venid a rescatarme. Sacadme de esta pesadilla. ¡Quiero
estar con vosotros! – Gritaba cada vez más fuerte con la esperanza de que la
escuchasen y acudiesen a su recate como cuando cayó al pozo.
Cuando llegaron las enfermeras a
la habitación de Amparo la encontraron en parada cardiaca. Enseguida se
pusieron a intentar reanimarla mientras llegaban los médicos, que estuvieron
casi una hora intentando recuperarla otra vez: ahora sin éxito.
Amparo murió, pero en su rostro
se reflejaba alegría, felicidad y un brillo especial en sus ojos sin vida.
- Manolo pon otra ronda de ese
vino tan bueno que guardas para las grandes ocasiones…- Era Amparo quien
hablaba sentada en las mesas de la calle; rodeada de todos sus vecinos, ya no
tenía miedo a las multitudes; aunque aquella no fuese muy grande. Estaban
celebrando que ella había decidido quedarse a vivir para siempre en el pueblo.-
y ven a tomarte una copa con nosotros ¡Anda! Que te vas a hacer rico a nuestra
costa. - Todos rieron y siguió la fiesta.
© Paco Muñoz Hidalgo.

NO ES EL FINAL by Paco Muñoz Hidalgo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
