miércoles, 25 de mayo de 2016

LA NUEVA FAMILIA

Roberto estaba encantado con su nuevo piso; aunque toda la familia y amigos le habían aconsejado no comprarlo. Era cierto que allí habían matado a un matrimonio y su hija pequeña hacía poco más de dos años: fue un intento de robo frustrado; mataron al matrimonio para que no pudiesen reconocerles, y a la niña, de tres meses, porque la madre la tenía en brazos cuando le dispararon.
Pero de eso a pensar que los espíritus de la familia seguían estando en aquél piso y que por las noche todavía se los oía hablar y a la niña llorar, como decían todos en el barrio, iba un trecho muy grande, y más para alguien como Roberto; él no creía en todas esas cosas de fantasmas, reencarnación y supercherías similares: Él únicamente sabía de números.
Y, gracias a las creencias populares, se había hecho propietario de un piso con doscientos metros cuadrados: cuatro habitaciones, dos baños y una terraza de treinta metros cuadrados… y todo por el módico precio de sesenta mil euros cuando, en condiciones normales; por tamaño y zona donde estaba ubicado, no hubiese podido comprarlo ni en sueños.

En la semana que llevaba viviendo allí a los únicos que escuchó hablar eran sus amigos; los pocos que se atrevieron a visitarlo, pues la gran mayoría, familiares incluidos, no habían pisado el piso. Y lo más parecido a un llanto fue su amante ocasional cuando llegó al orgasmo, por lo demás; ni un solo ruido fuera de lo normal en los pisos  donde las paredes parecían de papel y podías escuchar por la noche hasta el pedo que se tiraba el vecino.
Estaba encantado con su adquisición y se reía de la suerte que tuvo al conseguirla tan barata. <<Gracias queridos ignorantes. Creyentes de espíritus, demonios, almas en pena y demás tonterías. Vosotros me habéis regalado este excelente piso. ¡Seguid con vuestras burdas tonterías mientras yo disfruto del mejor piso del barrio!>> pensaba mientras se reía a carcajadas esa noche; la primera en la que no había organizado una fiesta, ni llevado a ninguna mujer: quería descansar un poco; el cuerpo le pedía una noche de relax.
Después de una cena ligera; pedida por teléfono a un chino, ya que lo suyo no era la cocina, y ver una peli en su pantalla de cincuenta pulgadas, otra ventaja de tener un salón tan grande; decidió acostarse ya que tenía que madrugar. No tardó nada en caer en brazos de Morfeo.

Un golpe fuerte y sordo lo despertó; más bien lo hizo botar en la cama y quedarse un rato escuchando para intentar averiguar su procedencia. Miró al despertador que marcaba las 2:46 horas, llevaba tres horas dormido. No volvió a escuchar nada y pensó que habría sido algún vecino por lo que volvió a tumbarse y quedar dormido.
Otro golpe volvió a despertarle; ésta vez más fuerte, parecía que había sido en su propio dormitorio: el despertador marcaba las 3:05 horas. Encendió la luz y se puso a mirar hacia todos lados… nada, todo tal y como debía estar. <<¡¡Joder!! ¡¡Vaya nochecita!! A ver si me dejan dormir tranquilo de una vez>> Volvió a apagar la luz y disponerse a dormir cuando comenzó a escuchar a dos personas hablando; pero no despacio como era de esperar a aquellas horas, no; hablaban con un tono de voz normal.
Eso terminó de crispar los nervios de Roberto; se levantó he intentó averiguar quienes eran los que hablaban así a aquellas horas: Iba a ir a su piso y quitarles las ganas de volver a hacerlo. Puso atención para saber de donde venía la conversación y se quedó asombrado al intuir que era de su propio salón. Aunque eso era imposible ya que estaba solo; por lo que pensó que vendría del rellano de la escalera: alguna pareja que se estaba despidiendo, seguro, pues se disponía a hacer menos agradable la despedida.

Con paso firme salió del dormitorio en dirección a la puerta de entrada, con intención de armar bronca, pues estaba de muy mala leche ya. Mientras caminaba por el pasillo, dirección al salón (desde donde se accedía a la puerta de entrada) las voces se iban haciendo más audibles y se podía escuchar la conversación; cosa que lo hizo detenerse en seco y escuchar lo que se decían: definitivamente era la voz de un hombre y una mujer.
- No podemos hacer nada cariño – decía la mujer como queriendo tranquilizar a su interlocutor.
- ¡Claro que podemos! – respondió la voz masculina; una voz que parecía de alguien bastante enfadado.- Ese hombre ha entrado en nuestra casa y se ha apoderado de ella. Duerme en nuestro cuarto. Hace fiestas en nuestro salón y despierta a la niña cada dos por tres.
- Lo sé mi amor.- la mujer seguía intentando aplacar el cada vez mayor enfado del hombre.- A mí también me gustaría volver a estar los tres solos.
Roberto se asomó al salón con cuidado y al mirar en su interior se encontró a una pareja sentada en el sofá hablando.
- ¿Quién hay ahí? – Gritó – He llamado a la policía, así que más os vale salir corriendo.
Al escucharlo la pareja desapareció como por arte de magia. Entonces entró en el salón, no sin algo de miedo, y comprobó que allí no había nadie. Todo se encontraba tal y cómo lo dejó antes de acostarse: la lata de cerveza y el plato encima de la mesa y los envoltorios de comida tirados por el suelo. Nada hacía indicar que alguien hubiera estado allí; nada salvo el hecho de que él vio perfectamente al hombre y la mujer.
<< Me debe haber sentado mal la cena. Mira que siempre digo que nunca más voy  pedir comida china para cenar>>. Se volvió sobre sus pasos para regresar al dormitorio con la esperanza de que esa fuese la última vez que se despertase aquella noche.
            Pero a mitad de camino le pareció escuchar el llanto de un niño pequeño proveniente de una de las habitaciones. Se dirigió hacia ella, y al abrir la puerta… se encontró con una cuna donde una niña, de unos tres o cuatro meses, lloraba y pateaba sin parar. Roberto empezó a restregarse los ojos, para comprobar si lo que estaba viendo y oyendo era real, y cuando terminó y los volvió a abrir… se encontró con una habitación vacía, como debía estar, y no se escuchaba un solo ruido.

            Un poco enfadado consigo mismo, se encaminó de nuevo a su dormitorio, deseando quedarse dormido cuanto antes y jurando que ésta sí era la última vez que pedía comida china para cenar.
            Al entrar vio al hombre y la mujer del salón tumbados en la cama con la niña en medio de los dos. Su primer pensamiento fue el de salir corriendo de allí inmediatamente; y es lo que habría hecho si la puerta no se hubiese cerrado de golpe a sus espaldas, y si hubiese podido abrirla; pero le resultó imposible, era como si hubiesen cerrado desde fuera con algún cerrojo, por más fuerza que ponía la puerta no se abría ni un milímetro. Mientras, a su espalda, escuchaba cómo se reía la pareja viendo sus esfuerzos por salir de allí.
            Decidió echarle valor y darse la vuelta; hacer frente a lo que fuese que estaba en su cama. Al hacerlo la pareja dejó de reír y se quedaron mirando a Roberto antes de que el hombre comenzase a hablar en tono enfadado.
            - ¿No sabes que este es nuestro piso? ¿Qué estás invadiendo la intimidad de una familia?
            - Y tú… vosotros – sin saber el motivo Roberto estaba gritando; quizás con la esperanza de despertar al vecino de al lado y que este aporreara la pared y ese fuese el conjuro para deshacerse de aquella pesadilla: porque pensaba que todo se trataba de eso, una simple y puñetera pesadilla.- ¿No sabéis que éste es ahora MÍ piso, no el vuestro, quienes quiera que seáis? Porque si sois la familia a la que mataron, lo siento mucho pero este no es ya vuestro sitio.
            La pareja comenzó a levitar por el dormitorio con movimientos rápidos: rodeando a Roberto mientras este intentaba zafarse de ellos moviendo los brazos y manos de modo convulsivo; como si estuviese espantando moscas.
            En un momento dado, la pareja se detuvo en seco frente a Roberto; quedando caras contra cara. Unas caras que ahora eran borrosas, con extrañas muescas allí donde debían estar las caras; y unos horripilantes puntos de sangre en lugar de ojos.
            Las dos almas: hombre y mujer, se lanzaron directos a Roberto; al que solo le dio tiempo a lanzar un grito antes de sentir, dentro de su cuerpo, cómo se movían aquellas cosas produciendo un gran dolor en cada milímetro de su piel; en esos momentos cayó al suelo: derrotado.
           
            El despertador sonó a las 6:00 horas. Roberto se despertó sobresaltado y empapado en sudor. Se incorporó e intentó ubicarse; estaba en su cuarto, en su habitación, en su cama. Empezó a tocarse por todo el cuerpo pero no le dolía nada, al revés, se sentía mucho mejor que nunca; parecía haber tenido un sueño reparador, aunque no era eso lo que recordaba. << ¡La madre que me parió! ¡Menuda pesadilla! Como alguien me vuelva a hablar una sola vez de fantasmas, le meto una ostia que lo mando a Marte antes que la Nasa. >> pensó mientras se levantaba e iba al baño para darse una ducha.
            Listo para marchar a trabajar, y más tranquilo ya, se para salir… pero no pudo abrir la puerta que se negaba a abrirse por más fuerza que hacía. Un extraño miedo comenzó a apoderarse de él; temblaba y sudaba del mismo modo que cuando despertó hacía un rato. Se detuvo unos segundos e intentó relajarse; entonces se dio cuenta de que la llave seguía echada y un golpe de risa se apoderó de él: << ¡Serás imbecil! >>. Ahora la puerta si se abrió sin problemas; pero Roberto no fue a parar al rellano, como era normal que pasase: se encontró de pronto en un cuarto donde su familia lloraba desconsolada; al igual que amigos y conocidos permanecían en un silencio completo mientras miraban algo que había detrás de unos cristales.
            Nadie parecía haber notado su presencia. Se acercó a su amigo Juan para preguntar qué pasaba; aunque estaba frente a él, lo hablaba y su brazo tocaba en hombro de su amigo, este ni se inmutó; parecía no verle, no sentir su contacto. Lo intentó con tres personas más: el mismo resultado. Aquello comenzaba a darle miedo, mucho miedo… así que se propuso descubrir lo que había detrás de aquellos cristales sin ayuda de nadie. Según avanzaba se detuvo al escuchar la voz de su madre entre llantos:
            - Se lo dijimos. Le avisamos que no era buena idea comprar ese piso… ¡pero tan cabezota como siempre!, no hizo caso. Lo único que le importaba era lo barato y grande. “No pasa nada. Allí el único fantasma que va ha habitar soy yo” decía riéndose.
            - No se torture madre.- Era su hermana Carla quien hablaba mientras no dejaba de abrazar a la madre.- Ya le dijeron lo médicos y el informe forense que fue un infarto al corazón.
            - Pe… pero esa cara, esa cara es de alguien que…- La madre no pudo seguir hablando ya que el llanto se apoderó por completo de ella.
            Roberto quiso hablar con su hermana; pero obtuvo el mismo resultado que con sus amigos, así que siguió caminando hacia el cristal. Y al mirar detrás de ellos se vio a él mismo metido en un ataúd: vestido con un traje que no recordaba tener. Su cara era blanca como la nieve y, aún con los ojos cerrados, dejaba ver los rasgos de alguien que habían muerto a causa de un gran miedo o dolor repentino; o quizá, las dos cosas a la vez.

No pudo soportar verse allí metido durante mucho tiempo y salió corriendo; abrió la puerta por la que había entrado en aquel velatorio… y se encontró de nuevo en su piso donde todo se encontraba tranquilo. Se metió en la cama sin ser capaz de digerir lo que acababa de ver e intentó conciliar el sueño, pero el llanto de una niña en la habitación de al lado se lo impidió.

Dicen los vecinos del piso que por las noches se suele escuchar a dos hombres y una mujer; hablando cual si estuviesen jugando, o comentando algún partido de fútbol o película: mientras una niña pequeña llora en otra habitación.

© Paco Muñoz Hidalgo.

Licencia de Creative Commons
LA NUEVA FAMILIA by Paco Muñoz Hidalgo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

2 comentarios:

  1. Gracias Paco,no se que decirte me ha dado miedo,pero el final me ha entristecido,que mezcla mas rara de sentimientos,que bueno que bueno ole,ese Paco como mola se merece una ola ola,muchas gracias por dedicarme me siento muy orgullosa gracias Paco,creo que he conocido una bella persona,gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has conseguido que se me suban los colores jajajaja.

      Gracias a tí por considerarte mi amiga.

      Un abrazo enorme.

      Eliminar