Federica trabajaba en el servicio de limpieza de una empresa
de ocho de la tarde a tres de la madrugada. Eso la permitía estar todo el día
con sus dos hijos: Amancio de dos años y Vanesa de cuatro.
Por las
noches era la madre de Federica la encargada de cuidarlos. Jacinta, la madre de
Federica, vivía con ellos; más bien eran ellos quienes vivían con Jacinta desde
que Federica abandonase a su marido tras la última paliza que casi la dejó sin
vista en el ojo derecho.
Ahora él estaba en libertad
provisional, hasta que se celebrase el juicio, y tenía una orden de alejamiento
que lo impedía acercarse a menos quinientos metros de su mujer e hijos. Pero se
había quedado a vivir en su piso de siempre ya que no disponía de familiares ni
recursos para vivir en otro lugar; trabajaba de seguridad en la misma empresa
que su mujer y fue despedido en cuanto los jefes se enteraron de que era un
maltratador. <Mala imagen para la
empresa>, le dijeron.
Por lo que habían tenido que ser
Federica y los niños quienes se fuesen, ya que ella tenía a su madre viviendo
en el pueblo vecino. Y además, lo prefería así porque ¿Quién mejor que la
abuela para cuidar de los niños mientras ella trabajaba?; aunque eso supusiese
tener que conducir cada día cincuenta kilómetros para ir y venir a trabajar.
Aquella tarde, cuando aparcó para
entrar a trabajar, la pareció ver a Amancio, su todavía marido aunque ya había
comenzado los trámites del divorcio, tras unos setos. Eso la asustó un poco
pues le tenía miedo; mucho miedo. Al salir del coche miró por todos lados,
alerta, por si volvía a verlo, pero no fue así. De todas maneras caminó alerta
los escasos cincuenta metros que separaban su coche de la puerta de entrada al
trabajo. Al llegar preguntó al de seguridad si había estado allí Amancio. O si
lo había visto rondar por el parking o la calle; pero el vigilante no lo había
visto desde que le despidieran. Aunque aseguró a Federica que tendría los ojos
abiertos por si le viese y avisaría al compañero de noche para que hiciese lo
mismo y la acompañase hasta el coche cuando ella saliese de trabajar, cosa que
le agradeció mucho y fue más tranquila a cambiarse para comenzar una nueva
jornada.
La jornada transcurría normal,
como cualquier día. Pero algo la inquietaba; la hacía estar intranquila. Las
horas parecían pasar más lentas que de costumbre. Era como si algo en su
interior la estuviese mandando una señal de peligro. Tres veces llamó a casa de
su madre en dos horas para preguntar si todo iba bien; y todo marchaba de
maravilla por allí. No sabía porqué pero ver a Amancio allí, no tenía dudas que
era él aunque fuese la única que lo vio, alteró sus nervios. Lo conocía
bastante bien y sabía que no estaría muy contento con el cambio que dio su vida
cuando ella lo denunció después de seis años de maltrato; sabía que no se
quedaría de brazos cruzados esperando el juicio o los papeles del divorcio.
Muchas eran las veces que la había dicho en esos seis años que: < Como se te ocurra denunciarme o
marcharte, no pararé hasta que te vea muerta. A mí me arruinarás la vida, pero
no vivirás para disfrutarlo > Y le conocía bastante como para saber que
no hablaba en broma.
A pesar de la orden de
alejamiento, Federica seguía teniéndolo mucho miedo. Y vivía cada día pensando
en lo que estaría preparando para llevar a cabo su amenaza. Ante su madre, sus
amigos, sus hijos y sus conocidos hacía ver que estaba bien y era feliz de
estar alejada de Amancio. Pero en su interior siempre se encontraba en guardia
y con miedo: Aquella noche más que de costumbre. Tenía el presentimiento de que
debía volver a casa de su madre cuanto antes; por ello fingió estar enferma y
se marchó del trabajo a las diez de la noche.
Tal cómo le había prometido el de
seguridad, su compañero comentó que no había visto a Amancio en el rato que
llevaba trabajando y se ofreció a acompañarla hasta el coche; cosa que ella
agradeció sinceramente pues temía que la interceptase su marido en tan corto
recorrido. Una vez dentro arrancó y dio las gracias al de seguridad antes de
partir camino a casa. Cuando paró en el Stop, para incorporarse a la carretera,
notó como algo la pinchaba en el costado derecho y al mirar vio una mano
sujetando un cuchillo. De repente se vio con la boca tapada por otra mano y por
el espejo retrovisor la cara de Amancio.
- No hagas nada raro o te mato
aquí mismo – La voz de su marido intentaba ser calmada – Te voy a soltar la
boca. Vas a arrancar como si no pasase nada y ya te diré donde vamos en cuanto
nos alejemos un poco de aquí. ¿Has entendido?
Federica contestó afirmativamente
con la cabeza. Amancio quitó su mano de la boca de ella, y con un gesto, la
indicó que siguiese. De lo nerviosa que estaba casi se le para el coche. El
cuchillo seguía en el mismo lugar; lo notaba en su piel a través de la camiseta
de verano que llevaba puesta.
- ¡Que quieres! – Lo gritó, más
por los nervios que por valor.
- A mi no me levantes la voz. –
Contestó él como si estuviese teniendo una amigable conversación con ella. – O
te clavo esto hasta que note el tope del cuchillo en tu carne.
- Perdón. No quería gritarte, son
los nervios. ¿Qué quieres? – Volvió a preguntar pero esta vez haciendo un gran
esfuerzo por parecer tranquila. Pensó que hablarle con dulzura podría ser mejor
para ella que enfadarlo más de lo que seguro estaba.
- De momento quiero que conduzcas
hasta casa de tu madre – Federica comenzó a temblar más y el miedo se fue
convirtiendo en pánico según lo oía hablar. – Allí la llamas por teléfono y le
dices que saque a los niños al coche… y cuando estén dentro sigues conduciendo.
Y no intentes nada raro porque ya he perdido todo y me han dicho que en la
cárcel no se vive tan mal. ¡Entendido!
Un sí con la cabeza fue todo lo
que acertó a decir Federica ante aquella aterradora propuesta de su marido. <Bien está que me quiera matar a mí, pero
no voy a permitir que les haga nada a los niños. Antes me mato y lo mato
estrellando el coche contra un árbol. ¡Juro por Dios que lo hago! Piensa Fede
(Así era como la llamaba todo el mundo para abreviar). Tienes que hacer algo antes de llegar a casa de madre. No permitas que
los niños se suban al coche con este loco. Luego será más difícil intentar algo
para escapar. ¡Vamos! ¡Piensa algo idiota!>.
Y entonces fue cuando se la
ocurrió. Sacó el teléfono con cuidado, le lo puso entre las piernas y, muy
nerviosa fue capaz de marcar el número de su madre sin que su marido se diese
cuenta. Sólo esperaba que Amancio no se hubiese dado cuenta de la luz del
teléfono y que no se escuchase la voz al otro lado cuando contestase. Por
suerte no pasó ninguna de las dos cosas y cuando se aseguró que alguien estaba
al otro lado de la línea, comenzó a hablar.
- Amancio por favor, no hagas
nada a los niños. Yo llamaré a mi madre para que los baje al coche. Haré todo
lo posible para que ella no se acerque ni se extrañe. Luego iré contigo y los
niños donde quieras. Pero te ruego por Dios que no les hagas nada.
- ¿Quién te crees que soy? ¿Un
puto sicópata asesino? – La voz de Amancio sonaba ahora enfadada. – Lo único
que quiero es marcharme lejos de aquí con vosotros, mi familia, y comenzar de
nuevo.
Jacinta estaba a punto de colgar
el teléfono cuando comenzó a escuchar hablar a su hija con Amancio y comprender
lo que pasaba. Colgó rápido y entre nervios logró llamar al 112 y explicar todo
a la persona que la atendía. Se la hizo eterno los cinco minutos que tardó en
explicar todo a su interlocutora: Los malos tratos, la orden de alejamiento y
la inquietante llamada de su hija.
Desde el otro lado intentaban
tranquilizarla mientras ponían los hechos en conocimiento de la Guardia Civil,
que era la encargada de actuar en el pueblo. Antes de que colgase el teléfono
llamaron a la puerta de casa. Era una patrulla que ya se había personado allí.
Esta vez no hizo falta que contase nada pues la Guardia Civil conocía muy bien
en caso de su hija.
Mientras tanto el coche estaba
cada vez más cerca del pueblo y Federica solo tenía en mente la esperanza de
que su madre hubiese escuchado algo; que pudiese haber avisado. Que los
estuviese esperando la Guardia Civil al entrar al pueblo y la sacasen de aquél
infierno. Pero tomó el desvío y allí no había ningún coche con luces ni nada
que hiciese pensar que la iban a liberar antes de que sus pequeños montaran en
el coche. Eso la desanimó e hizo que comenzase a planear otra cosa. Pero era
difícil pensar con tu maltratador sentado detrás y un cuchillo pinchándote en
el costado.
Se acercaban a la calle donde
vivía con su madre y sus hijos; ni un solo coche de la Guardia civil; ni
siquiera el de los municipales que a esas horas solía estar aparcado en la
plaza. < Que raro, no está el coche de
los municipales. A lo mejor mi madre sí ha escuchado y están colaborando con
los civiles. ¡Que va! El coche no está aquí porque se lo habrá llevado el
Sebas, como suele hacer algunas noches, para sus asuntos personales. Ya veo que
estoy sola en esto y llegando a casa. ¡Piensa Fede, piensa! >.
Pero nada se la ocurrió en tan
poco tiempo como había desde la plaza a la calle donde vivía y que ya había
encarado. Al llegar a la altura de la casa de su madre Amancio la hizo señas
para que detuviese el vehículo; lo que ella hizo al instante. Pero, para
sorpresa de su marido, ella intentó abrir la puesta y saltar; y consiguió
abrir, pero no salir. Se había olvidado que llevaba puesto el cinturón de
seguridad hasta el momento en que intentó salir y este se lo impidió; dejándola
clavada en el asiento. Amancio, recuperado pronto del susto inicial, la dio un
bofetón desde atrás y presionó un poco más el arma contra la carne de su mujer.
- ¡Vaya, vaya! Con que intentando
escapar ¿Eh? – su tono, que comenzó siendo de susto, se fue tornando duro y
enfadado. – Eres inútil hasta para eso Fede. Espero que sea la última tontería
que se te ocurre hacer, si es que quieres vivir para ver crecer a nuestros
hijos. Ahora llama a tu madre y dile que saque a los niños. Pero que vengan
ellos solos al coche. ¡VAMOS!
Fede tomó el teléfono con pavor a
realizar esa llamada. La llamada que podría suponer meter a sus hijos en aquél
infierno. Pero no tenía otro remedio. Marcó y esperó.
- Eres una pesada, hija. Los
niños están ya acostados y bien. Así que quédate tranquila y termina de
trabajar relajada.- Aunque la voz de Jacinta pretendía ser lo más normal
posible, no podía evitar que la temblase un poco ya que todo su cuerpo estaba
temblando mientras contestaba a su hija delante de dos agentes de la
benemérita.- Yo voy a ver la tele un rato antes de acostarme.
- ¡Mamá, mamá! – Ella también
intentaba ser lo más normal posible en su tono de voz. – No te llamo por eso.
Es que hoy he terminado antes y me gustaría llevar a los niños a dar una vuelta
para que vean los fuegos artificiales de Bablanca (Pueblo cercano en el que
estaban de celebraciones por las fiestas patronales).
- Pero si ya están acostados y
seguro que dormidos ¿Cómo quieres que los saque ahora de la cama? ¡Tú estás
loca!
- Tienes razón mamá. No sé en qué
estaría yo pensando. Aparco y estoy en casa en cinco minutos.
Dicho esto Federica colgó ante la
incredulidad de su madre y los agentes allí presentes y los ojos inyectados en
sangre de su marido que presionó un poco más el arma contra ella. Ahora sí,
notó como el cuchillo penetraba un poco en su cuerpo mientras Amancio hacía un
esfuerzo por contenerse y no clavárselo del todo.
- ¡Que coño acabas de hacer! ¡Tu
quieres morir ahora mismo! – Amancio hablaba a gritos – Vuelve a llamar a tu
madre o te mato aquí mismo.
- Mátame si quieres. – La voz de
Federica era tranquila; como la de una persona que ha tomado una decisión y
está tan segura de ella que se permite relajarse.- Pero no te vas a quedar con
mis hijos ¡Desgraciado! Ya he sufrido mucho a contigo y no pienso seguir
haciéndolo más. Prefiero estar muerta a tener que pasar un segundo más con
miedo a tu lado. Y mis hijos tampoco tendrán que sufrirte porque vas a estar en
la cárcel, esa donde dices que se vive tan bien. Ahora eli…
Federica no pudo terminar la
frase porque sintió cómo de golpe se clavaba en ella el enorme cuchillo que la
había estado pinchando aquella noche. Notó la sangre salir a borbotones de su
cuerpo a la vez que se quedaba sin fuerzas y los ojos se le iban cerrando. El
último pensamiento que tuvo, antes de caer en la oscuridad absoluta, fue el de
cinco horas antes; viendo jugar a sus hijos en el parque, felices, mientras
ella los miraba con la cara de orgullo que solo una madre puede tener a ver la
felicidad de unos hijos.
Desde que Federica colgase a su
madre, la cosa fue muy rápida pues los guardias sabían que era cuestión de
segundo que Amancio hiciese algo contra ella. En un abrir y cerrar de ojos
salieron de entre los coches cercanos seis agente corriendo en dirección al
coche, golpearon los cristales de las ventanas para aprovechar el factor
sorpresa, y esos pocos segundos que les daría, para abrir las puertas e
interceptar a Amancio. Esperaban que, con suerte, no le diese tiempo para hacer
nada a su esposa.
Pero llegaron únicamente unos
segundos tarde; cuando tuvieron a Amancio neutralizado se dieron cuenta de la
sangre que manaba del cuerpo de Federica. Enseguida la sacaron del coche e
intentaron taponar la herida haciendo presión sobre ella con la chaqueta de uno
de ellos. Por suerte tenían avisada a una ambulancia con su correspondiente
equipo médico por si algo salía mal, como había salido, y en un minuto ya la
estaban atendiendo en el suelo. Pero la herida era muy profunda y no había
manera de parar la hemorragia.
Dos meses después la plaza del
pueblo estaba abarrotada de vecinos y forasteros que se habían enterado de la
noticia por medio de la prensa. Jamás se había visto la plaza tan llega como
estaba esa tarde. Todo el mundo pendiente a que se abriese el balcón del
ayuntamiento, expectantes.
En esos momentos se abrió la
puerta que daba acceso al balcón y todo el ruido de voces cesó de forma
repentina. Nadie hablaba. Todos miraban en aquella dirección.
La primera en salir fue Jacinta
junto a sus dos nietos. La gente seguía en silencio, expectante.
A los pocos segundo asomó al
balcón Federica; y la plaza estalló en un aplauso atronador ante su vecina más
famosa y valiente: Aquella que estuvo muy cerca de la muerte por proteger a sus
hijos de un marido maltratador, de una vida incierta. Aquella que luchó; como
solo saben luchar los que saben que dejan mucho por hacer en esta vida. Y había
conseguido vivir, aunque fueron algunas las veces que la dieron por muerta.
Allí estaba, recuperada por
completo, Federica; recibiendo el homenaje de su pueblo por su valentía al
hacer frente a Amancio y por haber ganado la pelea contra la muerte. Ella
saludó y mandó besos a todos los allí presentes antes de coger a sus dos hijos
en brazos y abandonar el balcón para dirigirse a casa junto con ellos y su
madre para comenzar una nueva vida. Una vida llena de esperanzas e ilusiones
donde no había cabida para el miedo o el dolor.

EL VALOR DE UNA MUJER by PACO MUÑOZ HIDALGO is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Lindo,como siempre Paco,me he emocionado con el final, gracias
ResponderEliminarMuchas gracias Sonia Patricia. Como ves, por fin he conseguido un relato con final feliz jejejejeje
EliminarY yo también puedo comentar jajajajaja no he olvidado la contraseña jjjj Paco que soy corta y no me entero de esto de las redes jjjjj me encantó,y ya sabes cuando puedas uno relato de miedo o terror, venga yo pido como si fuera fácil jajajajaja que lista,un abrazo muy fuerte
ResponderEliminarMe alegro que te vayas haciendo con el control de las redes jejejeje.
EliminarEn cuanto al relato de de miedo o terror; a ver lo que puedo hacer. Lo mismo te sorprendo pronto jejejeje.
Si,yupi jajajajaja,me encantan tanto novelas,relatos,o películas,aunque después soy muy miedosa y no puedo dormir jajajajaja pero me gustan,besos Paco y gracias
EliminarCada dia me sorprendes mas Paco, me encanta, gracias por tus relatos, espero ansiosa el siguiente
ResponderEliminarMe alegro de sorprenderte porque así te tengo "enganchada" Pilar jejeje.
EliminarGracias a ti por leerlos, para mí es un placer, y hasta una forma de distraerme, escribir y más sabiendo que os gusta y disfrutáis con ello.
Genial relato Paco me a encantado te superas cada vez enhorabuena, besitos..y hasta el proximo.
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